Paul John Knowles – El Asesino Casanova

admin 15 febrero, 2013 12

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Conocido también como “El Asesino Casanova” (por su habilidad para atraer mujeres), este asesino estadounidense acabó con las vidas de 18 personas en los últimos seis meses de 1974, aunque según él fueron 35 sus víctimas… Siempre andaba en movimiento, y cambiaba de coche si era necesario. En diciembre de 1974 murió, pero su recuerdo perdura. 

Un niño problemático

Paul John Knowles, conocido como “El Asesino Casanova”, nació un 17 de abril de 1946 en Orlando, Florida. Proveniente de un hogar humilde en el que convivía con su padre carpintero, su madre, sus dos hermanos mayores y dos hermanas mayores, Paul manifestó una tendencia al crimen desde muy temprana edad, ya que con solo ocho años fue recluido en un reformatorio por un delito menor; y su padre, que no deseaba encargarse de un hijo tan problemático, no dudó en dejar que Paul pasara el tiempo en orfanatos y reformatorios, pues tras el crimen de los ocho años, vinieron robos y otros delitos más, por lo que Paul pasó sus años de adolescencia en instituciones, teniendo unos cuantos periodos de libertad en los que conseguía empleos como soldador.

Entre rejas y mujeres

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Ángela Covic (arriba) tuvo un romance con el asesino, el cual empezó a través de correspondencias, mientras Paul estaba en prisión. Fue ella quien pagó la fianza para que Paúl salga, aunque luego lo abandonó debido a las advertencias de un psíquico.

A los 19 años, por motivo de una infracción de tránsito, Paul fue encarcelado por primera vez (antes solo estuvo en reformatorios), ingresando a la Prisión de Raiford, actualmente conocida como la Prisión Estatal de Florida.

Ya libre, en 1970 Paul conoció a una mujer con la que mantuvo correspondencia, e intentó conseguir un trabajo para casarse con ella y mantener a los tres hijos que la chica tenía, pero no pudo debido a que, por sus antecedentes penales, no le ofrecían ningún empleo aceptable. Esto hizo que Paul se sintiese frustrado y enojado, a causa de lo cual terminó rompiendo su relación y delinquiendo, por lo que otra vez fue a parar a la prisión. Sin embargo, en la cárcel conoció a Ángela Covic durante el año 1972. Todo fue gracias a una revista llamada Astrología, de modo que la relación fue de pura correspondencia (cartas) en sus inicios, aunque en mayo de 1974 Paul fue liberado porque Ángela le pagó la fianza. Entonces por fin se reunieron en persona, luego de que Paul volara hasta California, donde estaba Ángela y ambos podrían casarse, pues anteriormente Paul le propuso matrimonio a Ángela y ésta aceptó. No obstante, Ángela Covic consultó después a un psíquico, y éste le advirtió sobre la llegada de “un nuevo hombre peligroso en su vida”. Ella, que era supersticiosa y no se dejaba cegar por el amor, razonó que, si realmente iba a llegar un hombre peligroso, ese hombre era Paul, y lo mejor era evitar que el peligro se concretase… Quizá ella no hubiese llegado a esa conclusión si no fuese porque Paul no mostraba interés en tomar el trabajo que ella le había conseguido. Y es que el trabajo era bastante bueno, pero Paul actuaba como un haragán con aspiraciones parasitarias, cosa frecuente en sujetos inadaptados y peligrosos, tales como drogadictos, ladrones, alcohólicos, y asesinos… Debido a eso, pasados cuatro días Ángela le hizo las maletas a Paul, le compró un boleto de avión, y le pidió que se regrese a Florida; pero, en Florida, Paul le enviaba cartas de vez en cuando y la llamaba, aunque Ángela decidía ignorarlo.

Derramando sangre por despecho

Nunca se pudo verificar, pero Paul afirmó que, la misma noche en que Ángela Covic lo dejó, él salió a las calles de San Francisco y mató a tres personas para desahogarse. Entretanto, algo que sí se constató fue que, tras regresar a Jacksonville en Florida, Paul —que andaba más susceptible e irritable a causa de su ruptura amorosa— apuñaló a un camarero durante una pelea.

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Paul había viajado hasta San Francisco para casarse con Ángela Covic; pero ésta, viendo que Paul se negaba a trabajar y que casi seguramente era el “hombre peligroso” del que le advirtió un psíquico, le hizo las maletas y le compró un boleto para que se regrese. Según Paul, esa misma noche desahogó su despecho matando a tres personas, cosa que nunca se confirmó aunque, ya en Florida, apuñaló a un camarero en una pelea, tras lo cual lo encarcelaron, pero se liberó y dio inicio a su serie de asesinatos…

El camarero no murió, pero la violencia de la acción fue suficiente para que se encarcele nuevamente a Paul, aunque éste era muy hábil y en poco tiempo logró tomar la cerradura de la celda, escapando un 26 de julio de 1974…

Paul y su gesta criminal

Después de escapar de la prisión el 26 de julio de 1974, Paul inició una serie de asesinatos que habrían de hacerlo merecedor a un oscuro sitio de honor en el salón de la fama criminal. En apenas unos seis meses (todo ocurrió en 1974), Paúl acabó con las vidas de unas 18 personas, aunque según él fueron 35, contando a los tres sujetos que supuestamente habría asesinado en San Francisco justo antes de volver a Florida y justo después de ser abandonado por Ángela.

En todo caso, la gesta asesina inició la misma noche de su fuga pues, deslizándose entre las sombras, Paul irrumpió en la casa de Alice Curtis, una anciana de 65 años que estaba sola y pudo ser fácilmente amordazada y atada por Paul, quien tras inmovilizarla registró toda la casa en busca de bienes y dinero, dejando a Alice amarrada de tal modo que ésta murió poco después, ahogada con su propia dentadura postiza…

Para escapar de la casa de Alice rápidamente, Paul robó y usó el auto de la víctima: un Dodge Dart que, antes de transcurrida una semana, volcó intencionalmente tras enterarse de que la Policía había ligado el coche al delito. Desgraciadamente, mientras se deshacía del Dodge Dart dos niñas lo vieron. Se trataba de Lillian Anderson de once años y de su hermana Mylette de siete, las cuales fueron secuestradas por Paul, quien insensiblemente no dudó en estrangularlas y dejar sus cadáveres entre las aguas verdosas de un pantano cercano, donde luego de cinco meses la Policía halló a las hermanas, asesinadas por Paul simplemente porque constituían testigos potenciales…

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Mylette (izquierda) y Lillian (derecha) Anderson eran dos hermanas de siete y ocho años, a las cuales Paul (centro) estranguló únicamente porque tenía miedo de que testimonien sobre él ante la Policía…

Tras acabar con las niñas Anderson, el 2 de agosto Paul se reunió (al parecer en una cita) con Marjorie Howie de 49 años, mujer a la cual obligó a ir hasta su apartamento, donde no había nadie y Paul fácilmente pudo estrangularla con una media nylon, robándole luego un televisor que regaló a una ex novia…

No contento con el crimen de Marjorie, ese mismo día Paul detuvo su auto cuando vio a una linda autoestopista de 13 años. Se trataba de Ima Jean Sanders, una chica que vivía con su madre y su hermanita de cuatro años en Warner Robins, Georgia. Según contó su hermanita, la última vez que la vio fue cuando ésta salió con sus amistades en una camioneta: nunca imaginó que, ese mismo día, Paul la recogería supuestamente para ayudarla, pero acabaría llevándola a la fuerza a un área boscosa cerca de la carretera, violándola inmisericordemente, estrangulándola para que no de testimonio, y dejando su cadáver entre los árboles.

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Ima Jean Sanders (arriba) era una chica de 13 años, a la cual Paul recogió cuando hacía autoestop. Pero, en vez de llevarla a casa, la llevó al bosque que rodeaba la carretera, y ahí la violó y la estranguló.

Por prudencia, saciedad o ambas cosas, Paul estuvo tranquilo un tiempo después del crimen de Ima Jean Sanders. Fue recién el 23 de agosto cuando rompió su quietud e irrumpió en la casa de Kathie Sue Pierce, en Musella, Georgia. Allí solo estaba Kathie y su hijito de tres años. En la bañera, Paul ahorcó a Kathie con el cable del teléfono, pero al niñito de tres años, a pesar de que vio todo, no le hizo absolutamente nada: tan lejos no llegaba su maldad.

Poco después, el 3 de septiembre, Paul entró al bar Scott’Inn, situado en una carretera cercana a Lima, en Ohio. En ese bar, Paul conoció a William Bates de 32 años, un ejecutivo pelirrojo de la Ohio Power Company. En efecto, William era un blanco jugoso (tenía dinero) y Paul usó de toda su simpatía, llegando a tomarse unas copas con él y yéndose en su coche. William no sabía lo que le aguardaba: Paul le robó el dinero, las tarjetas de crédito, el automóvil y la vida. Su cadáver fue encontrado después en los bosques alrededor de la carretera: desnudo y con signos de estrangulamiento.

Tras estrangularlo, Paul escapó en el coche de Bates y se dirigió a un campamento en Ely, Nevada, donde el 18 de septiembre  ató a Emmett y Johnson Lois, dos ancianos campistas a los que asesinó (teniéndolos atados) disparándoles.

Apenas tres días después de exterminar a los dos ancianos campistas, el 21 de septiembre, estando en Seguin (Texas), Paul vio a Charlynn Hicks, una motociclista que le llamó la atención, por lo cual la secuestró, la violó con sus propias medias, y posteriormente arrastró su cadáver y lo frotó contra un alambre de púas…

Tras violar y matar a Charlynn, Paul siguió andando por la carretera hasta llegar a Birmingham, Alabama. Ahí conoció a la esteticista Anna Dawson de 49 años, con quien partió el 23 de septiembre. Con ella estuvo viajando algunos días, disfrutando no solo de su cuerpo sino de su billetera, ya que era Anna quien siempre pagaba los gastos de Paul. Pero el 29 de septiembre Paul quiso dar un paso más allá, y ese paso consistió en matar a Anna y arrojar su cadáver a las aguas del río Mississippi.

A mediados de octubre y sin haber matado a nadie luego de Anna, Paul llegó a Marlboro, en Connecticut. Allí entró a la casa de Karen Wine, un día en que solo estaban Karen y su hija de 16 años. Fueron presas fáciles: a ambas las ató, las violó, y las estranguló con medias de nylon. Al parecer más le interesaba el placer carnal que podían darle que el beneficio material, ya que únicamente robó una grabadora. El crimen fue reportado por la hija mayor de Karen, quien en lugar de encontrar a su madre y a su hermana como de costumbre, encontró únicamente dos fríos cuerpos sin vida.

Después del crimen de Wine y su hija, Paul siguió viajando y el 19 de octubre llegó a Woodford, en Virginia. Esta vez el turno fue de Doris Hovey, una mujer de 53 años a la que Paul asesinó con el rifle de su esposo (quien estaba ausente al momento del crimen), limpiando después sus huellas dactilares y dejando el arma junto al cadáver de Doris…

Continuando su itinerario de sangre en el vehículo robado del ya difunto William Bates, Paul recogió a dos autoestopistas en Key West, Florida. Habría podido abusar carnalmente de ellas para después estrangularlas y abandonar sus cadáveres como dos latas de soda que uno bebe y arroja al borde de la carretera; pero, antes de que les hiciera cosa alguna, un policía detuvo a Paul por infracción de tránsito. El policía no tenía idea del monstruo con el que estaba tratando, así que lo dejó ir tras regañarlo y advertirle de las consecuencias que podría tener el incurrir de nuevo en esa u otra infracción vehicular. Hasta ese momento las chicas no imaginaban quién era Paul, y afortunadamente nunca lo descubrieron por experiencia propia, ya que Paul las dejó en las afueras de Miami sin hacerles nada, pues se había quedado asustado después de la detención por infracción de tránsito. Inclusive, tan nervioso estaba que contactó a su abogado; y éste, en una reunión con Paul, le sugirió que se rinda y se entregue, pero Paul rechazó la propuesta, aunque había ya confesado sus crímenes, y el abogado lo había grabado.

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Arriba vemos cómo quedó la casa de Carswell Carr, quien invitó a dormir a Paul pero éste lo apuñaló con una tijera, estranguló a su hija de quince años e intentó violar el cadáver de la chica…

Pese al susto que se llevó al ser detenido por infracción vehicular, Paul no se detuvo. Así, el 6 de noviembre en Macon (Georgia), Paul se hizo amigo de Carswell Carr y, tras tomarse unos tragos con él, fue invitado a su casa para que pase la noche. Sin embargo, el agradecimiento de Paul se manifestó apuñalando con tijeras a Carswell y estrangulando a su hija de quince años, con cuyo cadáver intentó tener sexo necrófilo pero no pudo pues le apareció su impotencia (sufría de impotencia no permanente).

Justo un día después (7 de noviembre), algunos policías entraron a la casa de Carswell, hallando una escena espeluznante: muebles volteados que parecían haber sido arrojados, libros desparramados en el suelo, filudos trozos de espejos y otras cosas de vidrio desperdigados, etc. En el dormitorio principal yacía el cadáver de Carswell Carr: desnudo, con las manos atadas a la espalda, y con heridas de tijera por todo el cuerpo, enrojecido y humedecido por los pinchazos que lastimosamente no lo mataron, ya que su dolor fue tal que, según dictaminaron los forenses, falleció por un infarto, quizá debido a que, de la forma en que había recibido los 27 cortes de tijera, se conjeturaba que la intención de Paul había sido la de proporcionarle una muerte lenta y llena de agonía. Por su parte, en otra habitación menos grande y ubicada al final del pasillo, estaba boca abajo el cuerpo desnudo de Mandy, la hija quinceañera de Carswell, cuyo cadáver tenía una media envuelta en el cuello y otra metida en la garganta, mas no presentaba cortaduras pues, según se vio después, el asesino había intentado (sin éxito) tener sexo con el cuerpo sin vida de la chica, para lo cual era mejor tenerlo en buen estado… En cuanto a la esposa de Carswell, ésta se salvó ya que, en las horas de la noche en que tuvo lugar el crimen, ella estaba trabajando.

Por último, muchas cosas desaparecieron de la casa de los Carr aquella noche, pues Paul robó ropa de Carswell, un maletín, un kit de afeitar, llaves, un reloj de Mickey que usaba Mandy, un reloj digital que colgaba de la pared, algunos papeles, y las tarjetas de crédito de Carswell. Todo eso no respondía únicamente a la ambición, ya que Paul usó la ropa y las tarjetas de Carswell para hacerse pasar por él (ante gente que supuestamente no tenía por qué conocer a Carswell). No obstante, un joven informó a la Policía sobre un pelirojo alto y bigotón que había comprado una grabadora y cintas de gravar, usando para eso una tarjeta de crédito de Carswell…

Paul y Sandy Fawkes

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La periodista Sandy Fawkes (arriba) tuvo un breve e intenso romance con Paul, quien le decía que moriría pronto y le sugería que escriba un libro sobre él. Ella primero le siguió la corriente, pero finalmente las predicciones de Paul se cumplieron, y ella hizo un libro sobre él…

El 8 de noviembre, en el bar Holliday Inn de Atlanta (Georgia), Paul conoció a la periodista británica Sandy Fawkes. Inicialmente, Sandy estaba cansada y desanimada, bebiendo tras fracasar en una misión periodística en Washington. De pronto vio llegar a Paul en uno de los elegantes trajes de Carswell, y se impresionó por su “buen aspecto demacrado”, pensando que debía ser europeo por la actitud, el porte y la apariencia. Al acercársele, Paul la invitó a bailar pero Sandy se negó diciendo que tenía que trabajar, y efectivamente no bailaron; aunque, cuando ella volvió al bar, otra vez se lo encontró, y como le pareció que era “en realidad muy guapo”, no pudo resistirse y conversó con él, luego fue a cenar y finalmente acabó en la cama, aunque dijo que Paul tenía problemas sexuales y no podía lograr una erección sin autoestimulación previa, pese a lo cual tenía un sentido del humor que le permitía reírse de sí mismo. Por otro lado, Sandy dijo que percibió en Paul un sujeto con una necesidad interna de ser querido, característica que en parte ayudó a que lo percibiese como una buena compañía. Y afortunadamente no se equivocó con lo de la necesidad interna de ser querido, ya que tiempo después, cuando lo esperable era que Paul la mate, éste no le hizo nada, no porque pensara que ella podía inmortalizarlo en un libro, sino porque realmente, debido a su necesidad de afecto, le había tomado cariño.

Prosiguiendo con las memorias de Sandy, ésta contó que varias veces ella y Paul bromearon sobre cuál asesino serial encajaba mejor con él, mencionando entre otros a Albert DeSlvo, a Charles Manson, a Dean Corll, o incluso a Juan Corona. Ella nunca pensó que existía una oscura verdad detrás de esas bromas, aunque confesó asustarse con la “expresión de animal acorralado” que dos veces asumieron los labios de Paul cuando este se levantó súbitamente, al parecer medio sonámbulo.

Ahora, y pese a ser un monstruo homicida, el “reservado y preocupado” Paul tenía un pequeño lado humano que manifestaba en su capacidad de sentir afecto y en cosas como, según contó Sandy, una “apasionada” creencia en Dios y un anhelo por “dejar una marca en la vida”, por ser “recordado por algo”, deseo éste último algo frecuente en asesinos seriales, como por ejemplo en el Monstruo de los Andes (Pedro Alonso López), quien estando en la prisión preguntó ante las cámaras de los periodistas: “¿esto pasa a la historia?”… Y es que en el fondo Paul se preguntaba lo mismo que Pedro Alonso López, ya que una vez le preguntó a Sandy si podía escribir un libro sobre él. A ella la idea le pareció absurda y solo le siguió la corriente, aunque Paul le dijo que no le quedaba mucho tiempo de vida, que aproximadamente “dentro de  un año”  lo asesinarían por algo que había hecho, y que su abogado tenía custodiadas unas grabaciones que, de revelarse tras su muerte, podrían hacer surgir titulares en todo el mundo y darle a ella material suficiente como para un libro que podría tener gran éxito.  De momento ella dudó de todas esas cosas, pero después las creyó, y vio que Paul tenía razón con la idea del libro; aunque, para cuando eso sucedió, Paul ya no estaba vivo…

Paul: haciendo cumplir sus propias profecías

Breve fue la relación de Paul con Sandy, pues el 10 de noviembre se separaron y, al día siguiente, Paul intentó, a punta de pistola, obligar a Susan McKenzie (conocida de Sandy…) a tener sexo con él, pero ésta se escapó y fue a buscar a la Policía.

Inesperadamente, cuando unos patrulleros intentaron detenerlo poco después de que Susan se le escapase, Paul blandía una poderosa escopeta recortada, gracias a la cual consiguió escapar.

Así, días más tarde Paul entró a la casa del inválido Beberly Mabee, en West Palm Beach, Florida. Esta vez no mató a nadie, pero secuestró a la hermana de Beverly y se la llevó en su coche (el de Beverly), aunque sorprendentemente la liberó después en la carretera, sin haberle hecho daño alguno.

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David Clark (arriba) fue el granjero que, con solo una escopeta, logró detener a Paul y entregarlo a la Policía…

En la mañana del 17 de noviembre, cerca de Perry en Florida, el agente Charles Eugene Campbell reconoció el vehículo robado de Paul, y se acercó para arrestarlo, aunque el asesino fue más hábil y, poco después de ser detenido, alcanzó a sacar su pistola y lo tomó como rehén, empleando el coche patrulla para detener al empresario James Meyer, tomar el coche de Meyer y deshacerse del coche patrulla, contando ahora con Campbell y Meyer como rehenes. Pero lo peor vino después, cuando los llevó a ambos a una remota zona boscosa en el condado de Pulaski, Georgia: allí los esposó a un árbol, y ejecutó a cada uno con un tiro en la cabeza…

Posteriormente, cuando proseguía su itinerario se topó con un control policial, e inundado por el miedo intentó eludir con tal nerviosismo la vigilancia, que perdió el control del coche y se estrelló contra un árbol, aunque no tuvo ninguna herida grave ya que rápidamente escapó del vehículo, conservando los reflejos lo suficientemente bien como para, a la par que corría, disparar contra los agentes que lo seguían.

De ese modo corrió y corrió por una carretera rural, teniendo tras de sí a perros y helicópteros. Sin embargo, fue el civil David Clark quien, armado con una escopeta, le salió al frente y lo obligó a ir a una residencia cercana, desde la cual llamó a la Policía para informar que el asesino estaba detenido. Gracias a eso pudieron llevarlo a la comisaria.

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Paul murió el 18 de diciembre de 1974, asesinado por el policía Ronnie Angel (arriba) en un intento por escaparse del coche patrulla en que lo llevaban.

Finalmente, el 18 de diciembre se ordenó conducir a Paul hacia Newtondice, una prisión de máxima seguridad, ideal para criminales peligrosos como él. Él iba esposado en el asiento trasero, y el vehículo no tenía pantalla de seguridad que lo separase de los dos agentes que estaban adelante: el sheriff Lee Earl, al volante; y el agente del G.B.I. Ronnie Angel, en el otro asiento delantero. El objetivo del viaje, además de llevar a Paul a Newtondice, era parar en un lugar donde éste les indicaría en dónde estaba el arma que él dejó tirada y con la cual mató al policía Charles Eugene Campbell. El gran problema era que Paul tenía un as bajo la manga: un clip escondido, con el cual se desposó e intentó tomar el arma que Lee portaba en la mano con la cual no conducía. Fue ese el momento en que sus profecías se cumplieron pues, mientras forcejeaba con Lee (quien a la vez trataba de mantener el control del coche), recibió tres disparos en el pecho por parte de Ronnie Angel, muriendo instantáneamente…

No pudo haber juicio ni nada, pero Sandy se dio cuenta de que Paul no le había mentido, y lo inmortalizó en su libro Killing Time, publicado en 1977. Además también se escribieron otros libros sobre Paul, y su historial de muertes hizo que su nombre quedara gravado con letras de oro en la lista de los mayores asesinos estadounidenses.

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12 Comments »

  1. DARIKO 17 febrero, 2013 at 2:48 - Reply

    No no no. Qué asesino tan sin chiste. Qué flojera. En definitiva no fue uno de los mayores asesinos de ese país y tampoco merecía un libro.

  2. rodolf 18 febrero, 2013 at 20:32 - Reply

    Interesante pero solo era un asesino de oportunidad, no lo hacía más que por sexo y dinero

  3. liz 20 febrero, 2013 at 0:32 - Reply

    Mmm.. a mí no me pareció un asesino digno de recordar la verdad , no tenía un verdadero motivo para delinquir , además que no se menciona el delito cometido a los 8 años.. pero bueno, asesino al final de cuentas

  4. humpa-lumpa 26 febrero, 2013 at 3:24 - Reply

    Albert Fish si fue un asesino digno de recordar…

  5. bianey 18 marzo, 2013 at 6:19 - Reply

    Muy interesante asesino, me gustó mucho

  6. Sofia 24 marzo, 2013 at 15:37 - Reply

    Yo creo que no pensaba en lo que hacía,con la locura que tenía no le daba para pensar en cosas semejantes, pero igual no se merecía estar libre, se merecía alguien que lo quiera, no la muerte…No sé, eso creo yo =/

  7. carmen chang 2 abril, 2013 at 23:19 - Reply

    Paul John Knowles que raro que no había oido hablar de él. Estaba un tanto loco como casi todos los asesinos seriales, y cobarde, como todos, por haber matado a las 2 niñitas que fueron testigos de uno de sus homicidios. Un verdadero monstruo.

  8. el Capo 3 mayo, 2013 at 19:30 - Reply

    Debe estar ardiendo en el infierno ahora

  9. jackie 11 julio, 2013 at 20:31 - Reply

    Ne dio flojera, aunque bueno, sólo quería amor… y sexo y dinero.
    Menos mal que Gracias a Superman todo se solucionó (a ver si entienden mi chiste malo xD)

  10. Dannyel 13 septiembre, 2013 at 4:20 - Reply

    “La miseria humana está al acecho de manera permanente, en hombres y mujeres que sólo necesitaron de un “clic”, para poderlo manifestar”— ALBERTO PEÑA

  11. ivan 7 abril, 2014 at 9:30 - Reply

    ES UN GRAN HOMBRE QUE PENA QUE NO PUDO ESCAPAR ME ENCANTA LA PAGINA Y APRENDO CADA VES MAS LOS PASOS A SEGUIR , AUNQUE VOY MUY BIEN HASTA AHORA.

  12. Andreewolfine 30 agosto, 2016 at 13:22 - Reply

    Exelente historia menudo asesino el hdp si q era un sapo inmortalizo su nombre solo q falto pa q sea jno d los grandes asesinos f la historia mi humilde opinion y remato jrjejeje xdxdxd cusndo superman lo detubo

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