Los verdugos más brutales (Parte1)

admin 23 septiembre, 2013 10

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Recopilación de cinco de los verdugos más brutales de la historia, algunos han sido seleccionados por su crueldad y la forma en la que disfrutaban ejecutando a sus víctimas, otros por la salvaje cifra de muertos que dejaron…

Vasili Blokhin

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En el 2010, el Record Guinness declaró a Vasili (arriba) el “verdugo más prolífico”

 En sus funciones dentro del NKVD, Vasili ejecutó personalmente a varias eminencias de la URSS, como el mariscal —solo los ejércitos muy grandes tienen mariscales, pues éstos mandan a los generales— Mikhail Tukachevsky y dos ex dirigentes del NKVD, a los cuales había obedecido anteriormente…

Sin embargo, la infamia que coronó a Vasili en el mundo de los verdugos, fue su maratónica oleada de ejecuciones durante la denominada Masacre de Katyn, suscitada a raíz de la orden nº 0048 que Stalin dio al NKVD el 5 de marzo de 1940, después de que el Ejército Rojo ingresara en la parte oriental de Polonia: en dicha orden, el líder soviético mandaba a ejecutar a los 22,000 polacos que habían tomado como prisioneros tras la ocupación, 8,000 de los cuales eran oficiales del Ejército Polaco, y el resto, individuos socialmente significativos (terratenientes, dueños de fábricas, abogados, médicos, profesores, etcétera) y políticamente opuestos a las doctrinas de Stalin.

Durante los 28 días de la masacre, Vasili ejecutó personalmente a unos 7000 o más polacos. Las ejecuciones se efectuaban desde el atardecer hasta el amanecer, pero Vasili prefería ejecutar por las noches, “trabajando” (él llamaba “trabajo” a eso…) sin descansar, y alcanzando unos 250 muertos por noche, cifra inaudita, pero que lo “enfurecía”, puesto que su propósito era conseguir al menos unos 300 polacos eliminados cada noche.

El proceso de ejecución, fuere Vasili u otro quien hiciera las veces de verdugo, era como sigue: el reo firmaba documentos de identificación; después se le llevaba con los brazos atados una pequeña habitación pintada de rojo (la “habitación leninista”), que estaba hecha con paredes insonorizadas, un desagüe, una manguera, y una puerta o escotilla; adentro lo obligaban a arrodillarse, y un miembro de la NKVD le daba un disparo en la parte posterior de la cabeza, matándolo al instante; finalmente, el cuerpo era arrastrado fuera, la habitación se lavaba y el siguiente condenado entraba para morir. Así, tanta era la gente que moría, que cada noche se necesitaban dos camiones para transportar los cadáveres, y se cavaban más de veinte trincheras en un bosque cercano para enterrarlos.

Cuentan que Vasili ejecutaba vestido con un delantal de cuero (de los de carnicero) y unos guantes de piel, a fin de que su uniforme no se manchase de sangre.

Disparaba con una pistola Walther PPK de 7.65 mm, un arma que estaba siendo empleada por los soviéticos para las ejecuciones en masa, y que a él le encantaba porque no fallaba casi nunca y no tenía tanto retroceso al disparar, de modo que la muñeca le quedaba doliendo menos tras sus agotadoras sesiones de “trabajo” en pro de la “causa revolucionaria”… Además, y como efectivamente sucedió cuando en 1943 encontraron los cadáveres, el uso de la Walther PPK permitió a los soviéticos culpar a los alemanes de aquella masacre, aunque en 1990 todo salió a la luz.

Después de la masacre de Katyn, durante el 27 de abril de 1940, Stalin hizo condecorar al carnicero Vasili con la Orden de la Bandera Roja, una distinción que se daba a quienes mostraban “coraje excepcional, abnegación y valor en combate”. ¿Fue eso un acto de cinismo por parte del líder soviético? No: fue una estrategia para encubrir el genocidio.

Así, Vasili gozó de reconocimiento hasta que Stalin murió en 1953, y la campaña de desestalinización lo forzó a retirarse de las Fuerzas Armadas, cosa que lo sumió en una profunda depresión, transformándolo en un alcohólico decadente que murió misteriosamente en 1955, supuestamente suicidándose. Dicen que Vasili se sintió traicionado y olvidado por el Estado, y efectivamente fue así, pero la posteridad nunca lo olvidará, porque incluso hace poco, en el 2010, el Record Guinness lo reconoció como el “verdugo más prolífico” de la historia…

 

Souflikar Bostanci

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Souflikar (arriba) fue el verdugo del sultán Mehmed IV, y ejecutó a 5475 personas, estrangulándolas con sus propias manos…

 Souflikar Bostanci fue el verdugo personal del sultán Mehmed IV (1648-1687), y se destacó por su eficiencia, su crueldad y originalidad… No decapitaba a los condenados, sino que los estrangulaba con sus propias manos. Se dice que, durante los cinco años en que ejerció el papel de verdugo, ejecutó en promedio a unas 3 personas al día, lo que arroja una cifra de 5475 muertos… Además de la impactante cifra, se cuenta que algunas veces les daba a los condenados la oportunidad de vivir (y ser exiliados en vez de ejecutados) si conseguían escapar de él en una carrera dentro de un espacio determinado. La realidad es que muy pocos consiguieron escapar, ya que la mayoría estaban débiles, la obesidad mórbida se condenaba con muerte (eso dice cierta fuente…), y Souflikar probablemente seleccionaba justo a aquellos que tenían pocas oportunidades de escapar.

 

Johann Reichhart  

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Cuando Johan (arriba) trabajaba para los nazis, decapitó a 2876 personas; tras la caída del Tercer Reich, ejecutó a unos 156 criminales de guerra nazis…

El tiempo hizo realidad su sueño, y Johan comenzó a cortar cabezas en 1924 para la República del Weimar, antes de que Hitler sumiese a Alemania en el delirante proyecto expansionista de los nazis, junto a los cuales habría de trabajar, decapitando a unas 2876 personas entre 1939 y 1945.

Ya que Johan fue verdugo civil aún en tiempos del Tercer Reich, cuentan que viajó con su ropa de tradicional verdugo alemán por Polonia, Austria y otros territorios ocupados. Aquella indumentaria consistía en un traje negro, con una camisa blanca interior, unos guantes blancos y un sombrero de copa. Además, llevaba consigo una libreta de registro y una fallbeil móvil, que era una ligera y pequeña variante alemana de la guillotina.

Cuando la guerra acabó, Johan tiró su fallbeil a un río; pero, tras la rendición nazi el 8 de mayo de 1945, las tropas aliadas lo detuvieron  y lo encerraron en la prisión de Landsberg. Poco después, sus mismos captores lo contrataron como verdugo para que ejecutara a aquellos para los cuales había trabajado anteriormente, esto es, los nazis… De ese modo, hasta finales de mayo de 1946 que fue cuando acabó el contrato, Johan ejecutó a unos 156 criminales de guerra nazis, en un proceso donde destacó al volver más rápido y menos doloroso el proceso de decapitación, eliminando la placa de inclinación de la fallbeil y poniendo en su lugar una plataforma fija donde dos o tres asistentes del verdugo sujetaban al preso, haciendo que éste pudiese ser decapitado en menos de diez segundos (tres o cuatro según las diversas fuentes).

Pese a que Johan encontró trabajo gracias a sus mismos captores, después de la guerra su esposa lo dejó y uno de sus hijos se suicidó en 1950 a causa de ser socialmente estigmatizado por el oficio de verdugo que había ejercido.

En 1963, tras una serie de asesinatos de taxistas, hubo un debate para reintroducir la pena de muerte, en el cual Johan participó abogando por la guillotina, pero la pena capital no se reintrodujo y Johan pasó en relativa monotonía sus últimos años, muriendo el año 1972 en Dorfen.

 

Charles Henri Sanson

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Charles Henri Sanson (arriba) tuvo el honor de decapitar al monarca Luis XVI, destituido durante la Revolución Francesa

Así siguió Charles Henry, incluso después de casarse en 1765 con Marie Anne Jugier, quien le dio a sus dos hijos: Henri (1767-1830), quien se convertiría en su sucesor oficial, y Gabriel (1769-1792), que no lo hizo (la muerte lo detuvo) pero igual estuvo en el “negocio familiar”.

En 1778, Charles Henri perdió a su padre y recibió un escudo color rojo sangre, símbolo del “verdugo oficial”, rango que ostentó su padre antes de quedarse paralítico, que después pasó a su tío y ahora pasaba a él.

Pese a su rol, no fue sino hasta la Revolución Francesa (1789) cuando Charles realmente entró en acción, cortando unas 2918 cabezas, entre las cuales figuraba la del destituido Luis XVI. Al comienzo, y pese a que no era ningún absolutista y sabía que el rey había abusado del pueblo, Charles se negó a cortarle la cabeza, pero una turba enfurecida mató a su esposa a modo de represalia. El pueblo quería justicia; y, si Charles no se la daba, podría perder a otros seres queridos, así que no le tembló la mano al dejar caer la brillante y pesada hoja de metal… Poco después de la real ejecución, y para sacudirse de posibles estigmatizaciones, Charles escribió en un periódico francés algo en cierto modo irrefutable: ‹‹Si los verdugos somos una vergüenza, no deberíamos existir. Y si somos necesarios, que se nos trate con el respeto de tales. Por favor››

En total, se cree que Charles decapitó a unas 3000 personas antes de morir el 4 de julio de 1806. Según cuentan, en sus años de retiro, éste siniestro excéntrico que coleccionaba partes diseccionadas de sus ejecutados, se encontró una vez con el gran Napoleón Bonaparte, quien le reconoció y le preguntó cómo podía dormir tranquilo después de matar a tantas personas. Con toda tranquilidad y un tono de crítica y sutil irreverencia, Charles miró a Napoleón y le dijo: “Si los emperadores, reyes y dictadores pueden, ¿por qué un verdugo no?”

 

Giovanni Battista Bugatti

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Giovanni (arriba) era amable con los condenados: los consolaba y les ofrecía tabaco antes de ajusticiarlos…

Fue con apenas 17 años que Giovanni ingresó al sangriento oficio en 1796, durante el papado de Pío VI, y con la tarea de “ajusticiar” a los criminales condenados por el Tribunal Eclesiástico.

Durante los cinco años iniciales, el joven Giovanni apenas decapitó a seis personas; pero, tras la Revolución Francesa y el control francés de los Estados Pontificios, la mano misericordiosa de la Iglesia se fue y empezaron a ser condenados, a más de los delincuentes, todos aquellos que fueran meros sospechosos de conspirar contra el gobierno francés.

Giovanni pasó a la historia como el verdugo que se mantuvo más tiempo en el puesto (69 años), jubilándose recién a los 85 años de edad, y dejando tras de sí unos 596 ejecutados, a quienes ajustició con métodos diversos como hachazos en el cuello, la maza (un enorme martillo que aplastaba la cabeza del condenado) y, desde 1810, la guillotina, importada desde Francia.

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Éste era el siniestro traje que Giovanni usaba en muchas ejecuciones

En base a todo lo anterior, uno podría pensar que Giovanni era un hombre violento o malhumorado, pero cuentan que en su vida normal era apacible y vivía amenamente con su esposa en su casa localizada en Trastévere (al otro lado del rio Tíber, cerca del Vaticano), ayudándola gustosamente en la tarea de pintar sombrillas y paraguas que vendían a los turistas.

Por otro lado, Giovanni gozaba de abundantes privilegios por ser el verdugo oficial de los Estados Pontificios, pero se le prohibía abandonar el barrio, excepto para ir a realizar ejecuciones. Esta medida restrictiva servía para protegerlo de la gente que lo aborrecía, pero también lo convertía en un símbolo de muerte; ya que, cuando las personas veían una figura encapuchada completamente roja cruzando el puente del Tíber, sabían que alguien iba a morir.

Fue el 17 de agosto de 1865 cuando Giovanni se jubiló por orden del Papa Pio IX, gozando de una generosa pensión de 30 escudos mensuales, (antes le daban 3 céntimos de lira por cada ejecución). La historia habrá de recordarlo como el último “Gran Verdugo del Papa”; ya que, desde su muerte hasta la disolución de los Estados Pontificios en 1870, apenas hubo once ejecuciones; y después, cuando los Estados Pontificios resurgieron en 1929 bajo la figura del Vaticano, la pena de muerte se mantuvo hasta su abolición en 1969, sin practicarse una sola vez.

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FUENTES: 1234567 891011

10 Comments »

  1. josue 23 septiembre, 2013 at 20:46 - Reply

    Muy interesante. Stalin fue otro gran asesino, no apretó el gatillo pero daba la orden.

    • Nana 9 noviembre, 2013 at 21:58 - Reply

      Hombre, si nos ponemos así no solo Stalin fue un gran asesino, sino Bush, Hitler, Franco, Mussolini, etc…. Aquí de lo que estamos hablando es de verdugos, no de dictadores y tiranos.

  2. Danny 24 septiembre, 2013 at 6:16 - Reply

    Impresionante compilación!! 🙂

  3. Domy 24 septiembre, 2013 at 22:51 - Reply

    WoW que interesante

  4. Valerie 28 septiembre, 2013 at 18:32 - Reply

    Muy buen articulo 😀 esperando la segunda parte

  5. Srengel 30 septiembre, 2013 at 22:50 - Reply

    Interesante el tema de los verdugos, sobre todo me llamo la atención Johann Reichhart. Ojala actualices mas seguido este tema.

  6. Inés 24 octubre, 2013 at 21:21 - Reply

    Vaya,tan sólo de ver la vestimenta y los artefactos de Giovanni,me recorrió un escalofrío.

  7. david 25 octubre, 2013 at 15:41 - Reply

    Es irónico no? los asesinos en serie son considerados socialmente como “monstruos” y “bestias”, y han cometido mas o menos en promedio entre 20 y 80 homicidios, pero los verdugos y carceleros (ejecutando la pena de muerte) causan un promedio de 150 muertes (o mas) a lo largo de su carrera y son considerados como “funcionarios del estado” o personas que “cumplen con su deber”…

  8. seba 15 mayo, 2014 at 1:14 - Reply

    Que ironia… castigan con la muerte a los asesinos

  9. Andreewolfine 30 agosto, 2016 at 14:30 - Reply

    Chevere el giovani battista ducatii

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