Hermanas González Valenzuela – Las Poquianchis

admin 5 noviembre, 2016 12

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Estas cuatro hermanas mexicanas protagonizaron uno de los más grandes casos de proxenetismo femenino. Sobre todo dos de ellas, Delfina y María de Jesús, fueron responsables de la muerte y tortura de más de 80 mujeres jóvenes…

Nacidas en la ciudad mexicana de Jalisco a inicios del siglo XX (Delfina nació en 1912, de las otras no se sabe la fecha), las hermanas Carmen, Delfina, María de Jesús y Luisa González Valenzuela, habrían de crecer en una familia disfuncional y convertirse en una de las más representativas expresiones de criminalidad femenina en el ámbito latinoamericano.

Bernardina Valenzuela, madre de las hermanas, era una mujer muy religiosa,  que rezaba el rosario cada día e infundía en sus hijas un catolicismo devoto y recalcitrante. Entretanto Isidro, padre de las muchachas, era un hombre imbuido en la idiosincrasia machista propia de la cultura latina, que ejercía su poder paterno de forma abusiva y violenta, con ese aire despótico tan frecuente en alcohólicos como él.

Para traer el pan a la mesa, Isidro González trabajaba como “juez de acordada”, encargándose de vigilar durante la noche, recorriendo sobre su caballo las rústicas y polvorientas calles, cosa que, en un tiempo y lugar insuficientemente cuidado por los representantes de la ley, le hacía sentirse como una especie de “amo y señor del orden”, algo así como los sheriff del viejo oeste norteamericano.

La fuga de Carmen

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Carmen González Valenzuela de vieja

Cansada del autoritarismo y los maltratos cotidianos de Isidro, Carmen, la mayor de las hijas, se fugó cierto día con Luis Caso, un hombre bastante mayor que ella.

A diferencia de otros padres, el orgulloso Isidro montó su caballo y fue a buscar a la hija rebelde, hasta que finalmente la encontró y entonces, tras sermonearla, gritarle e injuriarla, la agarró de los pelos y la condujo hasta una pequeña y miserable celda, donde la encerró como castigo a su comportamiento “indecente”

Horas después de encerrar a Carmen, a Isidro le llegó una orden municipal en virtud de la cual, junto a dos de sus agentes, partió en búsqueda de Felix Ornelas, un ranchero revoltoso y extorsionador que no mostraba reparo alguno en ocultar su desdén por la ley. Ahora, y cuando Isidro intentó detenerlo, las cosas se complicaron y no resistió la tentación de dispararle a Felix, matándolo instantáneamente, por lo cual tuvo que escapar de la escena y se pasó un año entero ocultándose en diversos ranchos de Jalisco, olvidando antes de huir que Carmen seguía encerrada. Por ello, solo catorce meses después de ser encerrada, Carmen salió libre gracias a la ayuda de un abarrotero obeso que accedió a tal cosa a cambio de que ella le prometiera matrimonio…

Los atroces negocios de las hermanas

De manera similar a Carmen, Delfina, otra de las hijas de Isidro, tenía una relación escondida con un hombre mayor que ella. Al enterarse, Isidro casi la mata con un brutal golpe en la nuca…

Ya en medio de los años treinta, Defina, Carmen y María de Jesús, entraron a trabajar como obreras en una fábrica textil, aunque poco después Carmen entró en una relación con Jesús Vargas, un “vividor” de poca conciencia al que todos conocían como “El Gato”, y con el cual ella, en 1938, se instaló a vivir en una cantina…

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Trabajadoras sexuales que las Poquianchis mantenían como rehenes, consiguiéndolas bajo el engaño de que trabajarían de empleadas domésticas con buenos sueldos…

Afortunadamente, la cantina de El Gato empezó a marchar bien, pero éste era tan irresponsable que despilfarró las ganancias e hizo quebrar el negocio; aunque Carmen, que sí era planificadora, guardó algo para sí y lo empleó para abrir un pequeño negocio de vinos y otros licores, el cual inspiró a su hermana Delfina para que instalará un prostíbulo en que metió a jovencitas que se conseguía bajo el engaño de que las haría trabajar como empleadas domésticas…

Fue en El Salto, dentro de Jalisco, donde Delfina puso su primera cantina junto al prostíbulo referido, al cual acudían soldados, policías, y hasta autoridades municipales, cosa que no era sorprendente pues los controles sobre este tipo de establecimiento eran realmente escasos. Así, para contribuir al negocio, las pupilas (chicas que se hospedaban en el prostíbulo y trabajaban allí) de Delfina salían de noche a las calles en busca de clientes a los que intentaban convencer para visitar el burdel, pero en 1948 se suscitó un incidente que marcó la clausura del establecimiento, a raíz de lo cual Delfina fue con sus mujeres a la feria de San Juan de Lagos, donde consiguió ayuda del alcalde para alquilar dos locales en los que reabriría su cantina y su prostíbulo.

El nuevo centro de servicios carnales se llamaba “El Guadalajara de Noche”, y en él participaron las hermanas de Delfina: María Luisa, a cargo de la caja registradora, y Carmen, a cargo de la cocina, aunque ésta última comenzó también, por iniciativa propia, a vender prendas de vestir y otros objetos a las prostitutas, que en realidad no compraban por voluntad propia sino que estaban prácticamente en condición de rehenes y se les obligaba a adquirir tales artículos, endeudándose muchas veces…

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Delfina (izquierda) y María de Jesús, dos de Las Poquianchis

Posteriormente, finalizada la feria de San Juan, Delfina desmanteló el prostíbulo y, con un gran capital reunido en 15 días de proxenetismo, viajó con sus prostitutas y sus dos hermanas a San Francisco del Rincón, en Guanajuato, donde, con la ayuda del presidente municipal de San Francisco, Adelaido Gómez, rentó una casona con varias camas y tocadores, y una silla en cada habitación. El nombre, por cuestiones de publicidad, volvería a ser “El Guadalajara de Noche”.

Eran tiempos fructíferos para el prostíbulo aquellos en los que María de Jesús, hermana de Delfina, conoció en León (Guanajuato) a Guadalupe Reynoso, quien llevaba un lujoso vestido con generoso escote, cosa que había conseguido gracias a un burdel edificado en una propiedad alquilada a un homosexual conocido como “El Poquianchis”.

Tras el encuentro, María de Jesús regresó al Salto y, junto a Enedina Bedoya y María de los Ángeles, ambas pupilas (prostitutas hospedadas en el negocio) de su hermana Delfina, instaló después su propio prostíbulo en León, aunque al inicio no tenía luz ni permiso de apertura, pero consiguió los permisos acostándose con Fernando Liceaga (secretario del presidente municipal) y el Dr. Castellanos… Sin embargo el sexo no costeaba todos los sobornos, y tuvo que dar dinero cuando el negocio era amenazado con cierre a causa de disturbios o presencia de chicas menores de edad…

Pagando puntualmente a las autoridades, el negocio era protegido por la Policía y la autoridad municipal. Su nombre, en cierto modo irónico, fue “La Casa Blanca”, y en su día de apertura tuvo el honor de recibir al sacerdote y al sacristán de la parroquia de León.

Entretanto, trabajando como cajera en el prostíbulo de su hermana Delfina, María Luisa (la menor de las cuatro González Valenzuela) juntó 39000 pesos y se apartó para siempre del negocio de la prostitución.

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Dos prostitutas comiendo en un burdel de Las Poquianchis.

Por su parte Delfina, codiciosa en extremo, llegó a secuestrar y convertir en esclavas sexuales (las prostitutas del negocio) o meseras y “empleadas” a decenas de jovencitas  que Juana Guadalupe Moreno y María, alias “La Cucha”, le conseguían a base de engaños, con los cuales traían a chicas de Guadalajara haciéndoles creer que trabajarían de empleadas domésticas con buenos sueldos.

Como era de esperarse, muchas de las jóvenes esclavizadas se terminaban embarazando: unas abortaban a escondidas, otras daban a luz y entonces el bebé era asesinado y enterrado como basura, y otras morían en el parto y eran enterradas con la misma falta de dignidad que los indeseados bebés.

Esto de los bebés muertos dio origen a la creencia de que los fetos eran sacrificados, calcinados y, una vez convertidos en ceniza, introducidos en botellas de refresco que se acumulaban en el patio trasero; sin embargo, con los testimonios y las evidencias que aparecieron después de la captura de las hermanas, la susodicha creencia fue descartada como mito popular.

Llegado el año 1949, falleció Carmen, la mayor de las hermanas y la encargada de administrar con libretas las deudas de las esclavas sexuales. Tras la muerte de Carmen, Delfina encontró las libretas pero, como no sabía leer ni entendía los números, les perdonó las deudas a las esclavas a cambio de oraciones por su difunta hermana…

En ese mismo año, María de Jesús conoció a un médico y ocultista de apellido Escalante, quien curiosamente resultó ser “El Poquianchis”, mismo a quien Guadalupe Reinoso (conocida como “Laura Larraga”) arrendaba la propiedad que usaba como prostíbulo.

Sin embargo, esta vez ella compró la casa de Escalante por 25000 pesos, la puso a nombre de su hermana Delfina, le hizo arreglos, y la rebautizó como “La Barca de Oro”, aunque todo el mundo siguió llamándole “El Poquianchis” al sitio e, inclusive, María de Jesus, Delfina y María Luisa, serían públicamente conocidas como “Las Poquianchis” tras la popularización del caso.

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Imagen del film sobre las Poquianchis, donde se muestra a una prostituta siendo castigada (cargando ladrillos) por violar las estrictas normas de Las Poquianchis

Ahora, y pese a lo turbio del negocio, María de Jesús se mantenía incoherentemente aferrada a la religiosidad que su madre le había inculcado en la niñez. De ese modo, la prostitución en sí no era pecado, excepto cuando en ella se daban actos “prohibidos por Dios”, por lo que no permitía el sexo anal, los besos, las orgías y los contactos lésbicos, tan usuales en prostitutas que desean estimular al cliente.

Sin embargo, la llegada al establecimiento de dos voluptuosas, atractivas y expertas rameras norteamericanas, suscitó una situación que María de Jesús, en su absurdo moralismo, calificó escandalizada como “el gran pecado” y el inicio de su “mala suerte”; ya que los clientes, que solían solicitar a “las gringas” más que a otras prostitutas, pidieron a éstas actos lésbicos en cierta ocasión, de lo cual se enteró María de Jesús, castigándolas con la expulsión por haber accedido a tan “indecente” propuesta.

Cabe destacar que María de Jesús no era la única que mantenía esa absurda moralidad: sus hermanas también lo hacían, y junto a ella aplicaban severos métodos de control. Solían espiar a través de rendijas u hoyos en las paredes, y cuando encontraban “pecado”, aplicaban terribles torturas y humillaciones, y como casi todos los días descubrían “actos inmorales”, casi todos los días corría sangre, puesto que los castigos eran cosas como golpes con palos llenos de clavos, quemaduras con hierros calientes, o pinchazos mientras la víctima sostenía tres ladrillos (uno con cabeza, dos con las manos)… También había restricción de alimentos, violaciones, palazos, latigazos, sexo con animales (aunque esto resulta extraño porque las hermanas lo veían mal, pero no sorprende que como castigo le hayan otorgado otro carácter moral…), e incluso muchas eran asesinadas cuando ya no tenían atractivo físico o la enfermedad las volvía una carga… En este contexto de castigo, tortura y muerte, José Valenciano Tadeo y José López Alfaro eran grandes ayudantes, siempre dispuestos a darle su merecido a aquella muchacha que osara intentar escapar.

Un cambio de suerte

El año 1963 apareció como el inicio de una oleada de infaustos acontecimientos, ya que en dicha fecha las autoridades de León prohibieron los negocios de sexo y, como para aquel entonces los aliados de Las Poquianchis ya no estaban en posiciones de poder, María de Jesús y Delfina tuvieron que cerrar el negocio abierto por la primera, volviendo a Lagos de Moreno en Jalisco, donde aún quedaba el viejo “Guadalajara de Noche”.

Sin embargo la desgracia también cayó sobre Delfina, pues su hijo y ayudante en el ejercicio de los sobornos y el control (ejercido con golpes, violaciones, vigilancia constante) de los clientes y de las esclavas-prostitutas, Ramón Torres alias“El Tepocate”, cayó muerto un día en que, tras descubrirse su lugar de contrabando de automóviles, la Policía se presentó y éste, hecho el valiente, sacó el fusil para matar, pero los agentes lo abatieron frente a su propia madre, quien después contrató militares corruptos para matar a los policías que mataron a su hijo. No obstante, otra versión dice que Ramón Torres murió en un tiroteo con un sargento policía en una cantina cercana al prostíbulo de su madre, que posteriormente ésta se enteró, y enfurecida fue con un fusil a esparcir plomo (balas) en el lugar, sin matar a nadie y creyendo en vano que el asesino de su hijo aún seguía allí. Sea cual haya sido el caso, la muerte de Ramón Torres hizo que las Poquianchis guardaran luto, y de hecho, su madre lo guardó hasta el día en que fue apresada…

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Este es el “Capitán Águila Negra”, quien fue amante de Delfina González Valenzuela, además de  torturador y verdugo…

Por otro lado, apenas pasado un día del asesinato y sin que Delfina alcanzara a esconderse como le había sugerido María de Jesús, agentes de la ley clausuraron el Guadalajara de Noche creyendo que Ramón Torres había muerto allí. Según se cuenta, la clausura fue efectuada de tal manera que más de 20 mujeres quedaron atrapadas sin agua y sin luz, aunque María de Jesús planificó un escape con vistas a un posterior alojamiento en una casa que su hermana Delfina conservaba en San Francisco del Rincón.

Ya en San Francisco del Rincón, las esclavas de Las Poquianchis, forzadas en gran parte a obedecer por el temor a los secuaces masculinos de sus amas, permanecieron seis meses en deplorables condiciones, comiendo apenas como para sobrevivir.

Entre los terribles episodios suscitados en San Francisco, se cuenta que, al cuarto día, una de las trabajadoras sexuales, llamada Adela Mancillas, contó a María de Jesús que su hermana mantenía relaciones sexuales con un perro salchicha… Y el susodicho contacto terminó enfermando a la mujer y haciéndole tener diarrea, llegando a estar moribunda solo para ser asesinada a palazos por su propia hermana, Adela Mancillas…

Volviendo al punto de la escaza alimentación de las prostitutas, esto ocasionó que muchas se volvieran cadavéricas y poco atractivas para los clientes, por lo que fueron ejecutadas, en tanto que otras murieron naturalmente tras contraer enfermedades a causa de la debilidad inmunológica ocasionada por la desnutrición…

En este nefasto escenario de torturas y humillaciones, la figura más temida por las muchachas era Hermenegildo Zúñiga Maldonado alias “Capitán Águila Negra”, quien había sido capitán del Ejército, cliente asiduo del negocio, y era en aquellos días el amante de Delfina y el gran verdugo y torturador. Él llevaba a las muchachas inútiles o rebeldes al rancho San Ángel, donde las dejaba morir de hambre y después incineraba sus cadáveres tras rociarles gasolina

El fin de las hermanas

El 6 de enero de 1964, las Poquianchis se sentían cercadas por la persecución policial y llevaron a sus esclavas al rancho San Ángel, donde apenas habían tres cuartos. Si alguna intentaba escapar, la muerte le sobrevendría de inmediato: esa fue la amenaza, pero el 12 de enero de ese mismo año, Catalina Ortega escapó, llegó hasta la procuraduría de León, y denuncio el cúmulo de atrocidades que cometían las hermanas González Valenzuela.

Tras recibir la denuncia, se envió un contingente encabezado por el comandante Miguel Ángel Mota, antiguo cliente del Guadalajara de Noche… Al llegar, detuvieron a Delfina y María de Jesús y las enviaron a la procuraduría, donde fueron interrogadas, mientras los agentes inspeccionaban la granja y encontraban los cadáveres de noventa mujeres, junto a muchos fetos calcinados…

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Aquí vemos a una de las prostitutas (izquierda, de blanco) acusando a Delfina González Valenzuela, durante el juicio tras la captura de las hermanas

Posteriormente y tras sufrir el escarnio popular y ser víctimas de un intento fallido de linchamiento, las hermanas fueron trasladadas a la cárcel de Irapuato (en Guanajuato), donde estuvieron mientras se efectúo un proceso judicial inundado por las acusaciones de las esclavas sexuales que tuvieron trabajando como prostitutas.

En cuanto a María Luisa, la menor de las hermanas, creyó que estaba a salvo porque un juez la había declarado inocente de los cargos que se imputaban a sus dos hermanas; aunque, cuando ésta acudió a Irapuato a brindar su apoyo moral en el juicio, se la acusó de ritos satánicos y brujería con cadáveres y finalmente también se la terminó condenando.

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Imagen de un diario de la época

A lo largo del proceso judicial, la Prensa y la agitada opinión pública, en un escenario donde se esgrimían acusaciones de violación, extorsión, soborno, tortura, violación y asesinato, dieron lugar a mitos que aún se mantienen en torno a las Poquianchis, tales como los supuestos ritos satánicos que hacían y las relaciones zoofílicas impuestas como castigos, que ya se mencionaron antes pero en realidad nunca se probaron. En todo caso, finalmente el veredicto, muy injusto para María Luisa, fue de 40 años de prisión para las tres hermanas…

Con el paso del tiempo, la fama de las hermanas habría de aumentar exponencialmente, debido a sucesos como: la publicación, en 1976, de una película basada en el caso, dirigida por el cineasta Felipe Cazals; la aparición, en 1977, de la serie de libros “Las muertas”, del escritor Jorge Ibargüengoitia; o, ya en 1992, la publicación de “Las Poquianchis ¡Por Dios que así fue!”, una obra de periodismo investigativo hecha por Elisa Robledo y el abogado Samuel Cruz, posibilitada en gran parte por las extensas conversaciones que Elisa Robledo tuvo con María de Jesús González Valenzuela.

De todo lo mencionado en el párrafo anterior, fue de particular importancia el libro de “Las Poquianchis ¡Por Dios que así fue!”; ya que, gracias a éste, se expusieron irregularidades del proceso judicial, gracias a lo cual salieron libres muchos implicados que, o no merecían condena alguna, o no merecían condenas tan largas como las obtenidas. Uno de esos casos, salpicado por el irónico humor negro que a veces tiñe la realidad, fue el del “Capitán Águila Negra”, quien tenía 76 años cuando, tras recibir la noticia de que sería liberado, se emocionó tanto que falleció de un paro cardíaco…

Finalmente y en lo que respecta a las muertes de Las Poquianchis, estas fueron así: Delfina murió el 17 de octubre de 1978, cuando unos albañiles arreglaban goteras en el techo de su celda y entonces, por una distracción suscitada a causa de los gritos que ésta emitía a modo de quejas, un recipiente lleno de cemento cayó en su cabeza, destrozándosela al instante;  María de Jesús, que se cobijó en la religiosidad tras su encierro, se pasó vendiendo comida en el penal hasta que obtuvo la libertad y se casó con un tal Antonio Hernández de 64 años, con quien vivió hasta morir de vieja a mediados de 1990; y, por último, María Luisa simplemente apareció muerta en su celda un 19 de noviembre de 1984, con el cuerpo siendo mordisqueado por las ratas…

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FUENTES: 12345

Originally posted 2013-08-16 15:22:40. Republished by Blog Post Promoter

12 Comments »

  1. lapoquianchis 22 agosto, 2013 at 17:13 - Reply

    Super historia… Le comenté a mi abuelita y me dijo haber conocido el caso…
    Uno de tantos casos en donde por ser tan religioso pierdes el camino, a lo que se mezcla con ello que es la violencia….

  2. Dr. Michael Stone 24 agosto, 2013 at 1:02 - Reply

    Este relato no difiere mucho de las actividades de cualquier burdel de cualquier parte del mundo, en este caso particular las hermanas estaban en una red de corrupción que incluía hasta mandos militares, ellas entran en mi lista con el número 7 ( gente con algún tipo de trastorno psicótico que matan a gente de su propio entorno )

  3. carmen chang 24 agosto, 2013 at 21:32 - Reply

    Estas mujeres, las poquianchis, son verdaderas brujas y fueron a dar, sin lugar a dudas, al infierno.

  4. Antonio 4 septiembre, 2013 at 15:04 - Reply

    Una historia de terror digna de una pelicula de Holliwood

  5. Seele 5 septiembre, 2013 at 22:44 - Reply

    Sin duda alguna es lo que ocurre con el fanatismo y ver cómo estas señoras lastimaron la vida de tantas personas y de seres inocentes e indefensos y pues ya recibieron su castigo……

  6. Fxthy 10 septiembre, 2013 at 23:16 - Reply

    Muy conocido caso y si aca donde vivo (San Francisco del Rincon) es muy popular esa historia, esas mujeres eran d elo peor y por eso creo pasaron a ser historia.

  7. MaarY 11 septiembre, 2013 at 21:48 - Reply

    Mi abuelo me ha contado mucho de esas mujeres, ya que a 3 de sus tías [hermanas de mi bisabuela] las raptaron Las Pokianchis para prostituirlas; a una de ellas la mataron y a las otras dos, al ser capturadas, las Pokianchis también las metieron a la cárcel Pd: pues aún viven mis dos viejesitas tías…

  8. Daniela 22 noviembre, 2013 at 4:42 - Reply

    Un horror!!!! 😮 eran muy perversas las hermanas, y así son realmente la red de trata de personas!!

  9. Vero 3 enero, 2014 at 23:58 - Reply

    Malditas enfermas. No puedo creer cómo eran capaces de tanta porquería…

  10. miguel 23 enero, 2014 at 5:07 - Reply

    en verdad algo q en aquellos dias fue el pan de cada dia.y q ahora lo vemos

    con horror e increible.

  11. Aksarbud Zeugirdor 19 junio, 2014 at 16:35 - Reply

    No sé, pero las odio. :3

  12. Stephanie 30 junio, 2014 at 2:14 - Reply

    Bastante interesante y una verguenza que esto haya ocurrido en Mexico

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