Bruno Lüdke – El Bruto

admin 18 octubre, 2016 5

De niño recibió un traumatismo craneal que limitó sus facultades mentales. Grande y corpulento, de joven robaba para mantener su vicio del tabaco, mas un día violó y mató a una mujer. Según dicen, las 50 víctimas que se le atribuyen podrían ser la mera expresión de como éste tonto fue manipulado durante los interrogatorios para hacer de él un chivo expiatorio.

El Bruto

Por su buena naturaleza y poca inteligencia, Bruno era llamado “el tonto bueno”. Los niños del pueblo incluso lo molestaban y, hasta su primer asesinato, sus únicos crímenes habían sido pequeños robos e intentar vender un pato muerto en un café…

Bruno Lüdke nació el 03 de abril de 1908 en Köpenick, un pueblo cerca de Berlín. Era el cuarto de los seis hijos de Otto y Emma Lüdke. Siendo un niño, Bruno Lüdke recibió un traumatismo craneal que limitó sus facultades mentales, por lo cual luego habría de ser conocido como “El Bruto”.

Bruno ingresó a la escuela pública de Köpenick en 1914, cinco años después los profesores de Lüdke se percataron de las dificultades de aprendizaje que Bruno presentaba, razón por la que fue enviado a una escuela para jóvenes con problemas de aprendizaje. Sin embargo en 1922 el adolescente se retiró de clases para trabajar en la lavandería de su familia. Tras el fallecimiento de su padre a causa de un cáncer a la garganta en 1937, Bruno se vio obligado a encargarse del trabajo pesado del negocio familiar. Es a partir de 1938 que el joven Lüdke comienza a tener problemas con la Policía a raíz de que varias personas se quejaron del maltrato de Bruno hacia el caballo que jalaba la carreta de la lavandería. Al parecer Lüdke azotaba al animal con excesiva fuerza.

Antes de proseguir con la detención de Lüdke, la Policía lo sometió a varios exámenes médicos para ver si aún podía manejar su carreta. Aunque Bruno era un fumador empedernido los resultados de las pruebas demostraron que era saludable físicamente, pero su capacidad mental era limitada. Carecía de una correcta habilidad para ubicarse en el espacio y tiempo, tampoco era capaz de calcular, escribir o hacer simples ejercicios mentales, pero sí podía manejar su carreta sin riesgo alguno.

Por su buena naturaleza y poca inteligencia Bruno era conocido como “el tonto bueno”, los niños del pueblo solían molestarlo, por lo que el gigante les tenía miedo. En enero de 1939 la ley de “prevención y posteridad sobre enfermos mentales” obligó a Lüdke a ser esterilizado, evento que se llevó a cabo el 22 de mayo de 1940 en un hospital de Berlín.

La Policía Local de Köpenick tenía un archivo de los atracos de Lüdke, que en la mayoría eran simples robos y venta de madera, crímenes que realizaba con la misma carreta que trabajaba. Motivos como estos hacían que Bruno pasara semanas o meses en la prisión de la comisaria, sin embargo la Policía no consideraba a Lüdke como un criminal o amenaza, mas bien era visto como alguien enfermo cuyos actos se debían a su limitada inteligencia. Un incidente similar sucedió el 16 de febrero de 1940, cuando Bruno fue al Café Fuchs en Köpenick y trató de vender un pato muerto a un visitante; pronto un oficial de policía que no era de la zona arrestó a Lüdke y confiscó el pato. En la estación de policía descubrieron que Bruno robó el animal a un granjero, por este crimen el gigante pasó 5 semanas encerrado pero no fue juzgado debido a la clausula 51, ley que protegía a los enfermos mentales.

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Pesadilla en Köpenick

El único asesinato seguro de Bruno fue el de Frieda Rössener, una viuda de 59 años  a la que, luego de pedirle sexo y obtener una negativa, no se contuvo, la violó y la estranguló. 

El viernes 29 de enero de 1943, unos niños que jugaban al escondite encontraron el cadáver de Frieda Rössener, una viuda de 59 años que había sido estrangulada y violada posteriormente, su cartera también fue robada. Pronto la Policía Local de Köpenick envió un reporte a Berlín y se formó un grupo de tres detectives para encargarse del homicidio. El trió estaba comprendido por el criminólogo Heinz Franz y los investigadores Jachode y Mahnke, quienes el mismo día llegaron a la escena del crimen y, tras hacer preguntas a los locales, descubrieron que un hombre con retraso mental y ropas de obrero merodeaba por el lugar con frecuencia. Los oficiales de Berlín pronto comprendieron que se trataba de Bruno Lüdke, el gigante bonachón del pueblo a quien la gente apodaba “tonto” o “bruto”. El detective Franz arrestó a Bruno cuando se dio cuenta que tenía manchas de sangre en su ropa, al preguntarle sobre esto, el gigante dijo que era de una gallina. El investigador recordó que en la escena del crimen había plumas de dicho animal y pronto arrestó a Bruno el 18 de marzo de 1943.

Después de ser detenido solo Franz interrogó a Lüdke, al poco tiempo se dio cuenta que las respuestas de Lüdke servirían para que el criminólogo pueda continuar con la investigación a su manera. En el interrogatorio declaró:

-Yo había agarrado el pollo, lo reconozco. La vieja estaba sentada en el tronco de un árbol y yo me acerqué.

-¿Y tú qué le dijiste? -preguntó el comisario.

-Pues, eso, que si quería… pero ella dijo que no.

-¿Y tú qué hiciste?

-La agarré por el cuello.

El criminólogo Heinz Franz, cuando interrogó a Bruno, se dio cuenta de que aquel era tan tonto e ingenuo que, con cierta astucia y amabilidad, se lo podía manipular para que de las respuestas que el detective quería y para que “recuerde” a todas esas víctimas que “asesinó” pero que, “casualmente”, no podía recordar precisamente dónde. Así, Franz se aseguraba de que Bruno comiera 3 veces al día y tuviera cigarrillos; y, a cambio, Bruno colaboraba con esas confesiones que lo convirtieron en el violador y asesino de 51 mujeres…

En la medida que la investigación progresaba, Franz descubrió que si se acercaba a Bruno de una manera amable, el gigante le daría toda la información que sus preguntas revelen. Pronto las investigaciones de Franz descubrieron que Lüdke era el responsable de estrangular y violar a 51 mujeres en un periodo de quince años. Durante el largo periodo que le interrogaron aparecieron los nombres de algunas víctimas como Käthe Mundt, Bertha Schulz y la familia Umann. Esta nueva información sorprendió a Franz debido a que ninguno de los lugareños señalaba a Bruno como el asesino y no había reportes de algunas de las muertes. De inmediato el criminólogo investigó los casos de estas víctimas.

En ocasiones Lüdke afirmaba haber matado en Munich, Hamburgo y Berlín, pero cuando era llevado a los estados donde había asesinado, era obvio que el hombre no sabía dónde estaba.

La verdad de estos crímenes cambió cuando se leyeron los registros policiales de Berlín, en los que se descubrió que Heinz Franz ya sabía de los asesinatos de Mundt, Schulz y los Umann. Bruno posiblemente solamente “confesaba” lo que el detective quería escuchar y cuando se mencionaba otra víctima Lüdke “recordaba” haberla asesinado también, como sucedió en el interrogatorio de la familia Umann, donde Bruno no dijo nada sobre la señora Gutermann, quien había sido asesinada dos días antes que Lüdke matase a todos los Umann. Meses más tarde, cuando Franz le preguntaba al asesino sobre la señora Gutermann, el gigante “recordó” haberla matado, sin embargo no podía dar información correcta de dónde lo había hecho.

En ocasiones Lüdke afirmaba haber matado en Munich, Hamburgo y Berlín, pero cuando era llevado a los estados donde había asesinado, era obvio que el hombre no sabía dónde estaba.

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El subterfugio de Franz y Lüdke

Bruno Lüdke era una persona con inteligencia limitada, pero no era el tonto que todos creían. Al parecer en el transcurso de las preguntas se formó un vínculo entre los dos hombres. Mientras el asesino estaba contento por ser el centro de atención, todos querían hacerle preguntas y tomarle fotos, además tenía el apoyo de su “amigo” el detective Heinz Franz, la persona que se aseguraba de que Lüdke comiera tres veces al día y no le faltasen cigarrillos. Franz  por su parte era un hombre ambicioso que veía a Bruno como el medio para crecer en su carrera policíaca, arreglando las confesiones de Bruno y haciendo entender en su reporte que “el tonto gigante” era el asesino de varios crímenes sin resolver.

Lüdke, teniendo todo a su favor se sentía protegido por la clausula 51, ley que decía que una persona con deficiencias mentales no era responsable de sus actos y por esto no podía ser enjuiciada. Pronto se volvió claro que Lüdke no le dijo a Franz sobre los asesinatos, fue el mismo detective que le dijo sobre las víctimas y cómo fueron ejecutadas. En el reporte final de los homicidios, el detective Franz hizo que las confesiones de Bruno concordasen con el resto de asesinatos de Alemania y así “resolverlos”.

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Un asesino forjado

Cuando el informe de los asesinatos cometidos por Lüdke llegó al escritorio de Himmler (el director de la S.S. en ese entonces), éste ordenó investigar profundamente el caso porque era imposible que una persona pudiese cometer tales atrocidades durante el mandato del Tercer Reich. Además de esto, la población alemana reaccionaría mal ante un régimen que se preparó para la guerra y no para gobernar.

No le tomó mucho a Himmler darse cuenta de que “el tonto gigante” estaba respondiendo por crímenes que no era posible que hubiera cometido. Finalmente para apaciguar a la Prensa y a las otras agencias policíacas, llevaron a Bruno de “paseo” y visitaron varias escenas donde el gigante señalaba y decía dónde había asesinado a la víctima. También reveló información que sólo la Policía sabía, que nunca había sido publicada por la Prensa y que le relacionaba con los asesinatos.

En una de las reconstrucciones de los hechos y, mientras era trasladado en automóvil por el crimen que había cometido, se adentraron en el bosque de Köpenich cuando, de pronto, Bruno dijo: “los señores se han pasado de sitio”. El conductor dio marcha atrás, los oficiales le quitaron las esposas a Bruno y le pidieron que indicara el lugar donde habían ocurrido los hechos. Sin dudarlo un instante, “El Bruto” caminó entre los árboles y señaló un lugar. Después, dijo: “Aquí la encontré, aquí la golpeé, aquí la estrangulé, aquí la violé”.

Bruno fue usado como conejillo de indias en varias instituciones mentales y hospitales. Como castigo fue castrado y ejecutado por inyección letal en una prisión policial de Viena. Actualmente predomina la opinión de que Bruno fue un asesino serial inventado (en realidad solo mató una persona) y que consecuentemente su castigo fue injusto. Arriba vemos una imagen del fotograma de la película del asesino, justo en el momento en que es apresado.

Bruno Lüdke no pudo ser enjuiciado por estrangular y violar a sus víctimas, sin embargo fue usado como conejillo de indias en varias instituciones mentales y hospitales. Como castigo fue castrado y ejecutado por inyección letal en una prisión policial de Viena. La ejecución fue mantenida en secreto de las autoridades nazis para evitar el escrutinio jurídico de abogados y. de esa forma, evitar que  descubran la falsedad de las confesiones de Lüdke.

Hasta el día de hoy se le atribuyen más de 50 víctimas a Bruno Lüdke y no se sabe con veracidad si él fue el responsable de estos crímenes o simplemente un “pobre tonto” manipulado para calmar a las masas…

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FUENTES: 1 – 2

 

Originally posted 2010-12-15 14:55:52. Republished by Blog Post Promoter

5 Comments »

  1. epona 18 mayo, 2013 at 12:14 - Reply

    Más bien eso, un pobre tonto manipulado…para beneficiar a otros

  2. Lucas 4 septiembre, 2013 at 16:15 - Reply

    No he llegado a entenderlo del todo. A veces parece que se comprobó que fue él el asesino, aunque evidentemente no de todo. Tampoco entiendo que se le castrase dos veces (una por la ley nazi esa y otra como castigo).

    Igual no creo que merezca estar en la lista de asesinos en serie. Es tan solo presunto y más bien parece él la víctima.

    • Nana 10 noviembre, 2013 at 3:13 - Reply

      Yo entiendo que se debe a que la esterilización es diferente de la castración. La esterilización supongo que será una vasectomía o similar y la castración sí que es la amputación de los testículos.

  3. Gustave 11 septiembre, 2013 at 13:07 - Reply

    No se que pensar! al final me dio lastima como lo mataron debalde

  4. Gus 20 noviembre, 2013 at 21:18 - Reply

    Como todo en la vida el infortunio se ensana con los mas debiles pero hay criminales monstruosos y saguinarios como kemper que tienen una suerte increible vaya si no son injustas e incomprensibles las leyes humanas

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