La
sentencia del tribunal de Lahore es que el asesino deberá ser ejecutado
en el parque público más popular de la ciudad de la misma
manera que él ejecutó a sus víctimas.
"Morirá estrangulado delante de los padres de los niños
a los que ha matado, y su cuerpo será cortado en cien pedazos que
serán depositados en ácido, como usted hizo con los niños",
han sido las palabras del juez.
Uno de los cómplices de Iqbal, Sajid Ahmad,
de 17 años fue también condenado a muerte porque participó
en cada uno de los asesinatos. También Mamad Nadeem, de 15 años
fue hallado culpable de los crímenes de trece de las víctimas
ha sido condenado a 182 años de prisión (14 por cada uno
de ellos), al igual que Mamad Sabir, de 13 años, a 63 años
de cárcel.
Tras oír la sentencia en una sala abarrotada
de público, Iqbal juró por su honor que era inocente, luego
firmó el fallo y fue conducido a la prisión.
Su abogado defensor, Najeeb Faisal Chuadhry, declaró
a la prensa que pensaba apelar a la sentencia y si fuera necesario llevaría
el caso ante el Tribunal Supremo. En este caso, la ejecución se
podría demorar durante años.
La sentencia fue criticada duramente por grupos
de derechos humanos e incluso por el Concilio de Ideología Islámica,
pero la corte de Lahore no dio paso atrás.
Como quiera que sea la sentencia jamás llegó
a cumplirse. La mañana de 8 de octubre de 2001, apenas cuatro días
antes de que la Sha’aria rindiera su veredicto final, las autoridades
de la prisión de Kot Lakhpat hicieron pública la muerte
de Javed Iqbal y su cómplice Sajid Ahmad, ambos fueron encontrados
en sus celdas ahorcados, al parecer, con sus sábanas.
Las autopsias revelaron que ambos habían
sido golpeados y algunas declaraciones de guardias y custodios no parecían
ser del todo verdad, pero a fin de cuentas las autoridades dictaminaron
"suicidio".
|